El conferenciante Andrés Amorós

Para Andrés Amorós, la Tauromaquia es indiscutiblemente un arte con elementos muy extraordinarios. Por una parte, se trata de un arte vivo, efímero, que sucede en un momento dado, que nace y muere delante de nosotros. Por otra, aparece el toro como un animal imprevisible y cambiante. De ahí que una de las cualidades más exigentes entre los toreros, es su claridad de ideas para adivinar el movimiento del toro que tiene delante y crear belleza. En suma, un arte dificilísimo, dijo.

La Tauromaquia también es un arte que va unido indefectiblemente a la historia y la cultura españolas, independientemente de que nos guste o no. Por varias razones: en primer lugar, por la figura del toro de lidia que surgió de las ganaderías que se crearon a partir del siglo XVII, y por la aparición de las primeras plazas de toros en nuestro país.

La Tauromaquia moderna surgió a finales del siglo XVIII cuando aparecen los primeros toreros a pie, y cobrando por la faena realizada. Decía Ortega Gasset: “No hay nada que haya hecho más feliz a lo largo de los tiempos a los españoles, que la Tauromaquia”. Por eso, afirmaba que su obligación como filósofo era reflexionar sobre este fenómeno que tiene que ver con la evolución de la sociedad española, como lo demuestra el libro de Pérez de Ayala Política y toros.

Hay una Tauromaquia del romanticismo, una Tauromaquia de la Generación del 98 y otra del 27. Y también los toros de la Guerra Civil, del Franquismo y de la democracia. La Tauromaquia también tiene que ver con el lenguaje, con una jerga específica, pero con la particularidad de que el lenguaje taurino lo conoce todo el mundo sin necesidad de ser especialista. Un lenguaje que es una metáfora de la vida, porque no es una jerga técnica o profesional. Andrés Amorós, puso el ejemplo de Pío Baroja -que no era precisamente un aficionado taurino- cuando en una de sus novelas dijo: “…es que a su suegra le daba cada capotazo“. Prueba de la popularidad de ese lenguaje al que se refería el conferenciante son un conjunto de expresiones muy populares en el habla cotidiana como: “hay que bajar al redondel”; “hay que coger el toro por los cuernos”, “hay que mantener el tipo” que sin necesidad de ser una persona culta, las utiliza todo el mundo para expresar sentimientos, actitudes, cosas vitales, etc.

La Tauromaquia en las artes

La Tauromaquia ha servido de inspiración a las diferentes manifestaciones artísticas: libros como Los Toros, de José María de Cossío; en pintura: nombres tan prestigiosos como Goya, Picasso, Bacon, Barceló o Joan Miró; en la cartelería: Llopis o Reus; en la escultura: Benlliure o Venancio Blanco, y en la música, una gran producción de pasodobles taurinos, el flamenco, la canción popular, la zarzuela y la ópera, como es el caso de Carmen. También el cine se ha ocupado de los toros: Tarde de toros; Juncal, y un documental sobre las tradiciones de México realizado por el cineasta soviético, Serguei M Einsestein.

Literatura y Tauromaquia

Andrés Amorós se fijó, a continuación, en la importante presencia de la Tauromaquia en la literatura, y citó a los diversos géneros literarios como la crónica, el periodismo, el tratado, la entrevista; y en los grandes géneros como la novela, la poesía y el teatro. En el teatro no es muy fácil reflejar la presencia del toro en un escenario, pero mencionó obras de autores como Vélez de Guevara o Francisco Nieva donde aparece este animal. Por otra parte, hay grandes novelas que tienden al melodrama con la figura principal de toreros como El niño de las monjas y El desheredado.

La poesía

La poesía es, según Andrés Amorós, el género literario más adecuado para reflejar todo lo que representa la Tauromaquia. Se supone que el poeta es un hombre de gran sensibilidad y capta con multitud de detalles todo lo que en esos momentos está pasando en el ruedo, cosas muy grandes, muy hermosas y, a la vez, tremendas. Lo que ocurre es que cada poeta tiene una visión del espectáculo y destaca el aspecto que más le gusta de la corrida. Para unos poetas, la corrida de toros es una tragedia terrible; para otros un juego alado; otros escritores ven en los toros una reflexión sobre la vida, etc..

La poesía como espectáculo, como algo plástico, que nos entra por la vista, como una estética deslumbrante de colores y de movimientos. Decía Salvador de Madariaga que la Tauromaquia es la reunión de todas las artes, como una escultura en movimiento, como un ballet. Así lo plasmó la poesía de Manuel Machado -quien dijo que antes de poeta quería ser banderilleo-. Manuel Machado, que fue un gran aficionado a los toros, escribió un poema precioso titulado: La fiesta nacional. En ese poema describe los tercios de la lidia desde un punto de vista sensorial. El poema empieza con la música; le sigue el tercio de banderillas que el poeta lo describe como un ballet, como un movimiento exquisito y delicado.

Se ha dicho que Manuel Machado era partidario de los toros y que su hermano Antonio era contrario a la fiesta. ¡No es cierto!, aclaró Amorós. Los dos hermanos estaban de acuerdo en casi todo y los dos han sido buenísimos poetas. Para quienes afirman que Antonio Machado estaba en contra de los toros, resulta que lo primero que publica de su puño y letra fue un artículo sobre toros en una revista de la época. Y los dos hermanos, cuando eran jóvenes, convivían en la vida bohemia del Madrid de la época. A los dos, de forma tajante, expresó Amorós, puedo decir que les gustaban el teatro, la vida bohemia, el sexo femenino y los toros. Y los sabemos, además, porque el joven Manuel tuvo una aventura con una señora mayor que él. Cuando se enteró la familia del poeta, lo reclamó para Sevilla. Antonio, por su parte, escribía cartas a su hermano contándole lo que le interesaba, es decir, actrices guapas que había visto en el teatro, toreros que vio torear en la plaza, etc. (Citó el famoso poema en el que se mencionaba a Carancha, es decir al torero que tenía la cara ancha que toreó con Lagartija y Frascuelo, y que mató recibiendo al astado para estar a la altura de sus compañeros).

Hay otro aspecto en la poesía taurina que se refiere al espectáculo como un juego, como algo alado, como un ballet y que prescinde del aspecto más trágico y terrible de la fiesta. Es el caso del poeta Rafael Alberti. En Alberti hay mucha poesía taurina. Sabemos por las crónicas que Ignacio Sánchez Mejías le hizo salir del burladero y todos se mofaron de él. Alberti tiene un precioso poema dedicado al Niño de la Palma (padre de Antonio Ordóñez), titulado “Chuflillas”, que es como un juego alegre de un niño feliz.

Sabemos que cuando Ignacio Sánchez Mejías se interesó por el poema, le preguntó al autor a quién se lo había dedicado y Rafael Alberti le contestó que al Niño de la Palma, a lo que contestó el torero: “lástima de dedicatoria”, que sirvió para hacer patente el disgusto del Maestro.

El extremo contrario de la alegría, de la gracia, del aire, del juego y del vuelo, es la tragedia representada en el poema “Llanto por Ignacio Sánchez Mejía”, de Federico García Lorca. Sánchez Mejía fue un personaje real, un gran torero que estuvo dotado de gran talento. Fue el mecenas de la Generación del 27.

Pero Ignacio Sánchez Mejías también es el primer autor de teatro español en el que se advierte la influencia de Freud y del Psicoanálisis, cosa notable en un torero que no había estudiado nada. Además, hace un tipo de teatro complicado que es el Auto Sacramental Profano, como Calderón de la Barca, pero sin creencias religiosas. Es algo alegórico, con personajes que simbolizan pasiones, virtudes, defectos, ángeles, demonios, etc.

El torero tuvo una relación con la apodada “la Argentinita” y creó un espectáculo flamenco. Lo que demostró la gran pluralidad de actividades que llegó a crear este torero, dotado de un talento fuera de lo común y que gozó de gran simpatía. Tuvo un gran éxito entre las mujeres y también entre los hombres, montaba a caballo, fue presidente del Betis, de la Cruz Roja, amigo personal del general Sanjurjo e incluso se dijo que iba a ser senador.

Ignacio se retiró de los toros y luego volvió. Poco después de su reaparición en los ruedos fue herido de muerte. El torero murió en Madrid.

Federico García Lorca se enteró de la muerte del torero cuando estaba actuando con su grupo de teatro universitario La Barraca en la Universidad Internacional de Verano. La noticia le causó una gran conmoción y allí concibió su poema Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Se trata de un poema fúnebre, según el modelo de las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Eso se nota, según Amorós, porque llega un momento en que Jorge Manrique estallaba en exclamaciones. Cuando la emotividad sube muchísimo, dijo, ya no hacen falta verbos, exclamas. Lo mismo hizo García Lorca, demostrando con ello que sigue la misma línea que Manrique. Los investigadores coinciden en que las mejores elegías de la literatura española son estas dos. Otros, también incluyen, Elegía a Ramón Sije, de Miguel Hernández.

Pero, sobre todo, lo que interesa es que el de Lorca es un poema taurino hasta cierto punto. Federico no nos habla de cómo toreaba Ignacio. Él no dice que ponía banderillas de tal manera, ni que muleteaba de esta forma… En su poema, Lorca nos presenta cómo es el hombre, el ser humano que era su amigo. Pero, además, lo que subraya es su actitud moral (a continuación Andrés Amorós recrea para los oyentes la muerte de Ignacio, sentado en el estribo durante la faena de muleta. Cuando el torero es derribado, el toro lo engancha por los pitones y lo lleva hasta el centro del ruedo…). La fotografía de la cogida y la muerte del diestro impresionaron mucho en la época. El mayor impacto, sin embargo, lo provocó la lucidez del matador con los pitones clavados, la serenidad, la dignidad con la que afrontó la muerte. Y eso es lo que canta Federico. Y este acto es lo que universaliza más al poema.

Al igual que Jorge Manrique y en el caso del poeta de Granada, lo que interesa no es lo que ha hecho el personaje, sino su trascendencia. En el mundo entero, Sánchez Mejías es famoso por el poema de García Lorca. Algunos creen que el torero no existió, que fue un personaje de ficción. En el poema queda explícito que Sánchez Mejía es un ejemplo de ser humano que afronta con dignidad la muerte.

El poema está muy bien estructurado. Está dividido en cuatro partes; la primera de ellas, La cogida y la muerte contiene un estribillo mónotono, terrible, “Comenzaron los sones del bordón, a las cinco de la tarde,….”. El poema es muy fiel a la realidad, pero en los detalles no. Ni la cogida ni la muerte fueron a las cinco de la tarde. Pero da igual, no importa. Ha quedado como ese momento simbólico que todos debemos afrontar cuando llega la hora de la verdad.

La segunda parte o La Sangre derramada tienen ese motivo real, histórico que nos dejó la muerte de Sánchez Mejías cuyo símbolo se confunde con esos mitos de religiosidad primitiva mediterránea. Aquí Lorca utiliza metáforas absolutamente extraordinarias, no intelectuales, pero que adquieren una fuerza vital básica: “como un río de leones…” Una metáfora irracional y surrealista. “Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza”…. Que gran torero en la plaza! Que buen serrano en la sierra! Es decir, que la virtud de Ignacio como persona no era la de ser rígidamente siempre a sí mismo, sino la virtud romana de adecuar la justicia a cada caso concreto. También utiliza metáforas referidas a la fragilidad de la vida.

Amorós se refirió también a los hallazgos deslumbrantes que tiene Lorca y citó un verso insólito que aparece en la tercera parte o Cuerpo presente que es como un funeral de cuerpo presente:. “Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa:¡También se muere el mar!” ¿Qué está queriendo decir el poeta?. La naturaleza en el cosmos parece que el agua es el elemento básico, inicial, originario. Si se muere el mar quiere decir que nadie se escapa a la ley general de la muerte, de la vida. Si también se muere el mar, también tiene que llegarle la hora a Ignacio y a cualquiera de nosotros.

La última parte del poema o Alma ausente es el recuerdo.“No te conoce el toro, ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde porque te has muerto para siempre”. Te has muerto para siempre es lo fundamental. “No te conoce nadie. No. Pero yo te canto”. Lorca lo escribió para mantener vivo su recuerdo. La obligación del poeta es mantener vivo el recuerdo a alguien que ha querido mucho. “Yo canto para luego tu perfil y tu gracia. La madurez insigne de tu conocimiento”. “Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura…”

La Tauromaquia puede ser una fiesta de los sentidos, como hemos visto en Machado; puede ser un juego alado de niños que juegan al toro en las calles de un pueblecito andaluz, como ha descrito Rafael Alberti, y puede ser la tragedia del ser humano, la llegada de la muerte que no respeta a nadie y de la que nadie está libre, como cantó Federico García Lorca.

Pero la Tauromaquia también puede ser la poesía del caballo en el campo andaluz como la ha cantado el poeta Fernando Villalón, a quien le gustaba la alquimia y que se arruinó queriendo conseguir una ganadería de toros con los ojos verdes. Villalón resucitó unos romancillos preciosos sobre los garrochistas.

La Generación del 27 es el gran momento en el que se fusionan la cultura y la Tauromaquia, la poesía y la Tauromaquia. De todos los poetas del 27 hay uno que es que el más sabe de toros, se trata de Gerardo Diego. Este poeta escribió un poema que es un tratado de tauromaquia completo que lleva por título: La suerte o la muerte, donde evoca los principales momentos de la lidia como la Verónica, el Natural, el Pase de pecho,.. Donde se demuestra que sabe de lo que escribe y domina la métrica. Gerardo, además, hizo crítica de toros que firmaba con seudónimo. (A continuación Amorós citó diversas anécdotas del poeta del 27).

Andrés Amorós también habló de Gerardo Diego diciendo que estudió poéticamente la Tauromaquia del 27. Escribió un poema dedicado a Manolete cuando lo vio torear en Santander que tituló: “La penúltima” y que evoca que todos estamos en la penúltima corrida, esperando que tarde mucho en llegarnos la muerte.

Amorós dijo que tiene especial debilidad por un poeta taurino que es Miguel Hernández. En los sonetos de “El rayo que no cesa” el poeta alicantino aborda temas taurinos pero desde otro punto de vista distinto al del espectador, pues se identifica sentimentalmente con el toro. Miguel Hernández demuestra en esta obra la identificación sentimental tan misteriosa que tenemos con ese símbolo, con ese icono que es el toro de España. El poeta de Orihuela expresa lo que otros escritores no españoles exponen en sus teorías como el surrealismo del Amor loco, cuando se sienten atraído misteriosa, falsa e irremisiblemente aunque sepan que eso no va a ser nada bueno para su vida. Amorós citó la metáfora taurina de Miguel Hernández a la que denomina La querencia (el toro sale y tiene una extraña querencia de querer ir por ahí, por qué. No lo sabemos. A lo mejor un olor, un frescor de agua, algo que yo no sé si el toro recuerda, etc.).Amorós también se refirió a la muerte en los poemas de Miguel Hernández. Es decir que la muerte no es sólo el final, sino que configura toda nuestra existencia. Así lo expresa Miguel Hernández con el símbolo del toro (El rayo que no cesa).

Por último, Andrés Amorós citó al autor gaditano, José María Pemán y su Tarde de toros, con sus poemas dedicados al toro y al torero.

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