Belenguer y Soledad Suárez

La vicepresidenta nacional de Manos Unidas, Soledad Suárez, comenzó su intervención con motivo de su presencia en el Aula Isabel Ferrer, recordando a la audiencia los motivos por los que el Jurado de los Premios Príncipe de Asturias concedió a esta organización el premio a la Concordia en su edición de 2010. En síntesis, según el veredicto del jurado que presidió don Vicente Álvarez Areces, prsidente del gobierno asturiano, se concedió dicho reconocimiento “porque a lo largo de su medio siglo de existencia viene prestando su apoyo generoso y entregado a la lucha contra la pobreza y en favor de la educación para el desarrollo en mas de 60 países, y por su contribución en los últimos años en proyectos específicos cuya meta es combatir el hambre y reducir la mortalidad materna en el mundo”.

La historia de Manos Unidas es una historia de solidaridad que comenzó hace 50 años a raíz de un llamamiento que hizo la FAO (organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) en 1951 a raíz de los devastadores efectos causados por la II Guerra Mundial. Con este motivo, la asociación de mujeres católicas de todo el mundo y entre ellas las españolas, decidieron unirse a esta declaración para en 1959 lanzar la primera campaña en la que se le declaró la guerra al hambre.

Según la vicepresidenta de Manos Unidas, en aquél manifiesto de las mujeres católicas por el que se adherían a la lucha contra el hambre declarada por la FAO, se puso de relieve el poder que tienen las mujeres para remover conciencias, tocar el corazón de las personas y derribar obstáculos para alcanzar los objetivos de esa lucha. Así pues, con este propósito en 1960 nació Manos Unidas en España en forma de comité católico de la campaña contra el hambre, y en 1978 se convirtió en la asociación de la Iglesia Católica para la ayuda al desarrollo.

Manos Unidas trabaja para erradicar las verdaderas causas del hambre, que según Soledad Suárez no es la falta de alimentos, sino la injusticia, el desigual reparto de bienes, la ignorancia, los prejuicios, la insolidaridad, la indiferencia y, entre otros, la crisis de valores humanos y cristianos.

La lucha de Manos Unidas contra el hambre se fundamenta en el testimonio ejemplar recogido en los Evangelios y en la Doctrina Social de la Iglesia, respetando en todas las acciones la dignidad de las personas. Por eso, según Soledad Suárez, la labor de Manos Unidas se centra en “dar a los bienes que nos han regalado a todos el destino universal para garantizar que esas personas, que padecen hambre o cualquier otro tipo de carencias, alcancen una vida digna”.

Atendiendo a estos principios, Manos Unidas trabaja en dos líneas: educar para el desarrollo a la sociedad española con campañas de sensibilización, y colaborar con los pueblos del Sur apoyando y financiando proyectos de desarrollo.

Tras esta breve introducción, la vicepresidenta nacional de Manos Unidas centró su intervención en enumerar la forma de seleccionar los proyectos destinados a favorecer el desarrollo, su financiación, supervisión y fiscalización de los mismos.

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