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El catedrático de la Universitat Jaume I, Manuel Chust fue el encargado de inaugurar el ciclo de conferencias conmemorativas del Bicentenario de la Constitución de 1812 con su charla titulada: La creación de una nación en ambos hemisferios, organizadas por el Aula Isabel Ferrer para conmemorar los doscientos años de este texto constitucional. La estructura utilizada en su charla por el catedrático de Historia Contemporánea de la universidad castellonense consistió en una introducción relativa a los acontecimientos que dieron origen a este texto, para posteriormente destacar las principales aportaciones de la Constitución de Cádiz y su influencia en otros textos americanos y europeos.

Chust se refirió en primer lugar a la crisis de la corona de los Borbones en 1808, que desembocó en la proclamación de José Bonaparte como rey de España y el posterior levantamiento del pueblo español -al que también se adhirieron nobles y funcionarios-, contra el ejército francés considerado como opresor.

Tras la sucesión de otros hechos como la creación de un ejército patriótico que infligió una dura derrota al ejército napoleónico en Bailén, y la posterior pérdida de la práctica totalidad del territorio peninsular y la creación de las Juntas por el vacío de poder existente en España, la Junta Central replegada en Cádiz se disolvió para dar paso a una regencia. Entre los primeros actos de este órgano colegiado figuró la convocatoria de elecciones, y a partir de febrero de 1810 comenzar a trabajar en la redacción de un texto constitucional desde la capital gaditana.

Hasta la Isla de León, actual San Fernando, llegaron diputados de todo el territorio peninsular y también de los territorios americanos de Nueva España, Panamá, Ecuador, Perú, Nueva Granada, Bolivia, etc.

Tras intensas reuniones de trabajo, el grupo de diputados liberales tanto españoles como americanos proclamaron la soberanía nacional, la división de poderes y la inviolabilidad de los diputados (con la Inquisición aún en vigor). Posteriormente se creó la comisión constitucional que estuvo integrada por 15 diputados, entre los cuales había 5 americanos, que desembocó en la aprobación del texto constitucional el 19 de marzo de 1812, con 384 artículos. Una Constitución “singular” como calificó Manuel Chust, sin influencias de ninguna otra norma europea o americana. Para Chust, la singularidad del texto se refería a la representación de diputados peninsulares y americanos que se reunieron en una época agitada y llena de tensiones, que estaban dotando de constitucionalismo a un Estado, el español, que tampoco tenía parangón debido a las grandes posesiones territoriales que poseía en el continente americano.

Manuel Chust calificó a los tres primeros artículos de la norma como de “casi una obra de arte constitucional”. En su análisis, el catedrático castellonense dijo que el primer artículo define el concepto nación española, no exento de polémica, debido a que después de 200 años todavía sigue suscitando debate. Los padres constitucionales la definieron como la reunión de los españoles de ambos hemisferios. Para Chust, en esta proclamación se vislumbra una firme voluntad, una ilusión por transformar lo que hasta ese momento era la monarquía española en un Estado constitucional, con territorios españoles, americanos y filipinos.

El segundo artículo fue una resolución unánime al proclamar los parlamentarios que la nación española era libre e independiente de cualquier patrimonio, persona, dinastía o potencia extranjera. El historiador Manuel Chust enfatizó en el concepto de patrimonio, de especial significado para los diputados americanos, que pagaban sus diezmos a la corona y a otras haciendas señoriales, bien de la nobleza o de la Iglesia. (Muchas constituciones americanas incorporan este artículo por su trascendencia).

El artículo tercero proclamó que la soberanía nacional reside esencialmente en la nación. Según Chust, este es un artículo “altamente revolucionario”. Este artículo suscitó un debate intensísimo entre los diputados de influencia absolutista y los liberales. Los primeros porque estaban en contra de la Constitución, y de que dicha norma estuviera por encima de los poderes del rey. Los liberales, simplemente, impusieron su mayoría.

El artículo 6 definía quiénes eran los españoles. Según este apartado, los españoles eran aquellos que habían nacido en ambos hemisferios. Este artículo se antepone a lo establecido por la monarquía absoluta en donde el valor del nacimiento no existía, porque todos eran súbditos del rey. Por tanto, los españoles eran los que habían nacido en los territorios peninsulares, en los americanos y en Filipinas. Pero además se creó la categoría de ciudadanos, que correspondía a los que eran mayores de 25 años y con un determinado género: los hombres. Este apartado venía a distinguir entre los titulares de unos derechos civiles: la nacionalidad, y los derechos políticos: la categoría de ciudadano.

Se ha discutido mucho el artículo 12 de la Constitución de Cádiz, relativo a la religión de los españoles: católica, apostólica y romana. Para Chust, algunos autores han calificado esta Constitución de moderada, de clerical y de escasamente revolucionaria. Otros especialistas no están de acuerdo con esta tesis porque dicen que los diputados constituyentes no cuestionaban la religión católica ya que buena parte de los parlamentarios liberales y liberales- radicales eran eclesiásticos; se habían formado en las mejores bibliotecas y con autores prohibidos. Manuel Chust fue rotundo al afirmar que no existía conflicto entre religión y liberalismo. Otro asunto es el conflicto que se producirá en la segunda mitad del siglo XIX entre la Iglesia y el liberalismo.

La intervención de Manuel Chust fue seguida de un amplio coloquio.

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