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David Gimilio Sanz aprovechó su estancia en el Aula Isabel Ferrer para dar a conocer la sala Sorolla del Museo de Bellas Artes de Valencia, inaugurada en 2011 y compuesta por 42 lienzos y 11 dibujos que destacan por su calidad y variedad temática. La colección se compone de retratos intimistas y alejados del glamour y los oropeles de la alta burguesía y la nobleza de la época que supo plasmar tan bien el pintor, primeras academias realizadas desde su pensión en Roma y que entregó a la Diputación de Valencia, bodegones, marinas, paisajes y hasta la famosa Grupa valenciana.

La característica más destacada de esta colección es su origen, vinculada a las donaciones muy cercanas al artista, a su familia y a los diferentes donantes que mantuvieron una relación con el pintor y que se completaron con aportaciones que realizó el Estado, primero, y después la Generalitat Valenciana.

David Gimilio comenzó su intervención en tono provocativo preguntándose para qué un museo Sorolla en Valencia, ¡si ya existe! -dijo. Un mensaje provocador e inexplicable para todo valenciano que se precie, admirador del genial artista y reivindicativo con lo nuestro. Pero lo cierto es que según este especialista, tenemos que asumir que los valencianos nunca tendremos un museo dedicado al artista valenciano. Por dos razones principales, y es que la propia idiosincrasia de la Casa Sorolla y sus estatutos -de la cual es propietaria el Estado-, dictaminó que se quede en Madrid; y la segunda razón y más importante, porque su viuda así lo dispuso. Por otra parte, de hacerse un museo Sorolla en Valencia nunca contaría con las grandes obras del pintor, sino con aquellas de pequeño formato o escasamente representativas.

Para Gimilio, no obstante, es más interesante que la producción del pintor converja en un museo ya establecido como es el de Bellas Artes de Valencia, con un nombre consolidado y con cierta fama. Esto es una opción más -señaló- y lo demás es solo un artificio empleado para lograr algo que ya existe, como se puso de manifiesto en su conferencia apoyada con abundante material audiovisual.

Según Gimilio Sanz, “desde el punto de vista museográfico sería más enriquecedor la comparación de las obras de Sorolla con otros autores, incluso con otras técnicas y soportes: esculturas, cerámicas, dibujos…, ya que el arte no son compartimentos estancos ni etiquetados porque están en continúa relación”. La propuesta de este especialista es la de “hacer exposiciones monográficas comisariadas por especialistas, donde se muestra a través de la investigación la validez de su obra y que sirva para que la personalidad física del autor se proyecte dentro y fuera de Valencia y convertir el museo, en el centro donde se desarrollen estas investigaciones que permitan traer público al museo valenciano, pero sobre todo que ese público sea educado en aquello que no se sabe de Joaquín Sorolla”.

Por último, la figura de Joaquín Sorolla no acaba en la sala que lleva su nombre en el Museo de Bellas Artes, es mucho más como indicó el conservador de este Museo: “hay que trabajar muy duro para que su nombre sea más conocido y reputado en Valencia más allá de nombres de plazas y calles”. Y exigió mayor rigor científico, más investigación y una difusión de la figura Sorolla que traspase el terreno de lo puramente anecdótico.

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