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Aprovechando la celebración del 8 de Marzo, el profesor de la Universitat de València Carlos Cuéllar dedicó su conferencia a hacer una homenaje a las mujeres, para lo cual eligió el tema de la presencia de la mujer vampiro en el cine.

Carlos Cuéllar empezó su intervención resaltando el papel de una sociedad patriarcal en la que el hombre ostenta el poder en casi todos sus estamentos. Sin embargo, en su interesante conferencia este profesor demostrará con numerosas aportaciones metafóricas y simbólicas el papel tan destacado de la mujer que ha pasado de una visión patriarcal a un dominio de la propia mujer. Otras aportaciones que irá desvelando a lo largo de su intervención son los planteamientos tan interesantes y tan de actualidad como la metáfora de la actividad sexual, la aceptación de las relaciones sexuales entre adultos; la identidad sexual y la identidad de género que nos mostrará el cine.

Tras la introducción, Carlos Cuéllar comenzó a hacer un repaso a la presencia de la mujer en el cine de terror o cine de vampiros. Una aparición que se ha caracterizado por su condición de mujer fatal, sobrenatural, a la vez que atractiva y seductora “porque se supone que llevaban a la perdición a los hombres. Esta es la imagen que hemos tenido de la mujer vampiro hasta hace pocos años”, dijo.

La conferencia continuó con el repaso a los numerosos títulos cinematográficos en los que ha aparecido la mujer vampiro en forma de novia del conde Drácula, de hermana, hija o, simplemente, como actriz de reparto. En la lista de títulos figuran: Nosferatu, de Muranu; Drácula, con la genial interpretación de Bela Lugosi; La hija de Drácula, donde la mujer comienza a adquirir un papel principal como vampiro en la historia del cine y donde ese vampirismo femenino destaca por la sensualidad, el erotismo y el amor entre mujeres; o, la lista de títulos que aportó la productora Hammer con actores tan emblemáticos del género como Christopher Lee y Peter Cushing, hasta llegar al Drácula de Bram Stoker, del genial Francis Ford Coppola, que disfrazó el sexo en forma de vampirismo. Todo lo contrario a las apariciones de las mujeres vampiro en los años del cine clásico, con una actitud muy pasiva debido a los fuertes controles que ejercía la censura de aquellos años en el cine norteamericano.

Pasan los años y el cine también evoluciona para adaptarse a los gustos del público actual. La productora británica Hammer lidera el cambio y apuesta por renovar el género con dos importantes aportaciones al cine de terror: el color y el sexo explícito. Por primera vez la mujer vampiro adopta una actitud más activa, con colmillos, con sangre y con un vestuario más sugerente. Todo se debía a un público apasionado del género y cada vez más exigente. En ese contexto aparece la película Las novias de Drácula, de Terence Fisher, en donde el personaje masculino de Drácula apenas interviene. En la cinta de Fisher destaca la escena de una mujer que no es vampiro, y que ejerce de comadrona ayudando a otra mujer que está dando a luz enterrada en la tierra. Para Cuéllar, la escena tiene una fuerte carga simbólica y mitológica porque “está naciendo una nueva mujer vampiro, porque está naciendo de la madre Tierra”.

Otro de los títulos mencionados por el conferenciante se refiere a Las amantes vampiro, basada en el libro Carmilla (de Serhidan Le Fanu), considerado por los expertos el mejor texto literario que se ha escrito jamás sobre el vampiro. La novela cuenta una historia de amor lésbico entre una vampira, Camilla, y Laura, su enamorada y después víctima. En la película destacó la genial interpretación de la actriz Ingrid Pitt, que luego se especializó en este tipo de papeles.

La mujer vampiro del cine clásico y moderno siempre acaba siendo castigada porque son malvadas y demonizan al sexo femenino. Pero esta visión cambiará en los años 70 con el cómic, que introduce otros elementos en la figura de la mujer llegando a protagonizar conflictos generacionales con su padre, Drácula, que Cuéllar interpreta como una lucha contra el patriarcado. En esa década aparecen vampiras nuevas y exhuberantes, caso de Vampirella (1969) que es una auténtica heroína y que constituye un fiel reflejo en las artes de la cuota de poder que poco a poco ha ido conquistando el feminismo en la sociedad. Vampirella es una mujer extraterrestre que llega a la tierra, cuya bondad moral se corresponde con sus buenos atributos físicos, que basa todas sus intervenciones ayudando a los humanos a luchar contra los extraterrestres y los seres malos. La mujer vampiro, por tanto, ya no es la mala de la historia y ya no puede morir. Comienza la era de las heroínas siniestras que es un concepto que hoy en día se está desarrollando mucho.

Hoy la presencia de la mujer vampiro en el cine ha cambiado radicalmente. Su papel como actriz, de personaje secundario a eje principal de la trama, y también su estética nos proponen una mujer vampiro a la que el cine se esfuerza en dotarla de elementos de relevancia y cautivadores. En la estética, por ejemplo, se fijan en los referentes plásticos y pictóricos del Prerrafaelismo -según Cuéllar-: el maquillaje, el vestuario, la peluquería y los distintos ornamentos están intentando imitar el referente pictórico del siglo XIX.

Especial atención mereció el relato que hizo Carlos Cuéllar de las andanzas de la condesa húngara Erzsébet Báthory, que pasó a la historia por haber sido acusada y condenada por la muerte de centenares de mujeres jóvenes y vírgenes. La condesa Báthory asesinó a esas mujeres para bañarse en su sangre con la creencia de que así recuperaría su belleza y aspecto juvenil. Lo cierto es que la fatalidad de estos hechos inspiró muchas películas, algunas de ellas de gran factura como El rojo en los labios, o La condesa Drácula, interpretada por la genial Ingrid Pitt.

El ansia (1983) de Tony Scott e interpretada por Catherine Deneuve y David Bowie, marcó un punto de inflexión en el cine de vampiras. Considerada una película de culto, nos muestra una escena muy fuerte en la que la mujer mata al vampiro hombre. Es entonces cuando la mujer vampira se busca a otra pareja, es decir, a otra mujer, protagonizando una escena de amor lésbico de gran gusto y notable aceptación por su plasticidad.

Entre las últimas aportaciones del cine figura la película Déjame entrar (2008). Película ambigua que recorre el camino de amistad entre un niño y una niña o jóvenes adolescentes a través de símbolos y metáforas, hasta que de forma sutil, la vampira aparece como un niño que fue castrado años atrás.

La conferencia estuvo a la altura de las mejores intervenciones en el Aula Isabel Ferrer como así se reflejó de forma patente entre las muestras de aceptación del público asistente.

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