El aumento de las temperaturas, la falta de lluvias, son aspectos sobre los que giró la interesante conferencia pronunciada por el catedrático de Análisis Geográfico y director del laboratorio del clima de la Universitat Jaume I, de Castellón.

Quereda habló en primer lugar de aquellos datos que se refieren al aumento de las temperaturas que, consecuentemente, provocarán una reducción importante de los recursos hídricos en la cuenca mediterránea. Y es que la principal fuente de recursos de agua de nuestro país es la lluvia. Sin embargo, la merma de este recurso no sólo se produce como consecuencia del calentamiento de la atmósfera debido principalmente a la acción del hombre, porque a los registros de agua caída sobre nuestro territorio hay que restar el efecto de la evaporación que reduce considerablemente los niveles resultantes.

Aunque la actividad solar está relacionada con el clima, José Quereda no cree que con los resultados del actual ciclo solar pueda sobrevenir un época fría similar a la denominada Edad del Hielo -entre finales del siglo XV y XIX–, que provocó un importante descenso de temperaturas en toda Europa. En su exposición mostró un interesante archivo visual para demostrar como algunas ciudades o lugares fueron afectados por esa bajada sustancial de las temperaturas, tal es el caso de las ferias que se celebraban sobre las gélidas aguas del río Támesis, a su paso por Londres; o las terribles escenas de frío que contaron los supervivientes que participaron en la invasión napoleónica de Rusia.

Y es que el actual ciclo 24 preocupa a los científicos por su escasa actividad y aporte de energía. Superada la mitad del actual ciclo, como mínimo, la actividad del sol debería estar al mismo nivel que los picos registrados en los otros dos ciclos precedentes; y, sin embargo, no ocurre así. Los ciclos solares se producen cada once años y aportan una valiosa información sobre la actividad del sol.

Quereda se refirió, a continuación, a algunas hipótesis que explican este fenómeno que está causando extrañeza y preocupación entre la comunidad científica internacional. Para algunos investigadores, caso de la Universidad de Lovaina es posible que los próximos ciclos solares sean más reducidos; otros, en cambio, han comentado que podría repetirse una nueva Edad del Hielo que coincidió con ciclos solares raquíticos y de escasa actividad solar.

Por otra parte, suscita cierta contrariedad las previsiones del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, conocido por las siglas IPPC, cuando predijo que a partir del actual siglo, las temperaturas aumentarían 0,2º cada década. Sin embargo, durante los quince años transcurrido del actual siglo XXI, las temperaturas mundiales han descendido 0,2º, es decir, se han comportado de forma distinta a las previsiones. ¿Qué ocurrirá a partir de ahora?, se preguntó José Quereda. En cualquier caso, es cierto que nos encontramos ante una situación impredecible que genera mucha controversia.

Con todo, es una evidencia que las temperaturas desde el comienzo del siglo actual han ido aumentando, y que se está produciendo una escasez de lluvias en la cuenca mediterránea. Para ilustrarlo, el catedrático José Quereda comentó que para un horizonte situado en 2030 – 40, con el aumento de un grado de las temperaturas, de reducción mínima de las precipitaciones y del efecto evaporación, en las cuencas del Júcar y Segura la lluvia útil registrada sería de algo más de 3.563 Hm3. disponibles para una demanda que ha sido evaluada en el Libro Blanco del Agua de, 5126 Hm3. Con estos registros se produce un déficit hídrico de algo más de mil quinientos Hm3.

En dichas cuencas se produce una importante demanda de agua para riego, debido a la agricultura en general, que consume en torno al 70% del agua. El resto del porcentaje se destina al consumo humano. La conclusión a estas previsiones desdibujan un horizonte muy preocupante en la cuenca mediterránea, a excepción de las zonas montañosas y la ribera baja del Júcar.

Tal y como quedó demostrado por los cálculos de José Quereda, nuestro país registra una precipitación media de 684 litros por metro cuadrado anuales, que tras el efecto de la evaporación nos deja una lluvia útil de 220 litros. Si esta cantidad la multiplicamos por los poco más de 500 mil kilómetros cuadrados de superficie del territorio peninsular, arrojan un volumen de 111 mil Hm3 de agua disponible. Con estos resultados, Quereda quiso restar importancia a las falsas acusaciones sobre la falta de agua de nuestro país, ya que el consumo / demanda actual de agua en España está cifrado en 32.000 hectómetros cúbicos anuales. Es decir, todavía disponemos de un superávit de más de 70 mil hectómetros cúbicos, cuya cantidad es similar a la aportación de nuestros ríos.

Para finalizar su charla, el catedrático de la Universitat Jaume I de Castellón, reafirmó sus tesis con el discurso pronunciado por el ilustre pensador del regeneracionismo español de finales del XIX, Joaquín Costa, en el Congreso Nacional de Agricultores celebrado en Madrid en 1880, cuando se pronunció a favor de un sistema de trasvases que compensara el déficit de lluvias que se produce en España: “Hay inmensos depósitos de agua en las crestas y en las entrañas de los montes, esa es el agua que podríamos derramar creando un sistema arterial sobre esos campos desiertos de uso fundamentalmente agrícola para poder obtener el enorme beneficio que esas aguas tienen”.

Quereda reclamó, por tanto, una mayor implicación de la clase política para proceder a una gestión más racional del uso del agua, y que se regulen estas descompensaciones de recursos, puesto que en la medida que aumenten las temperaturas, también se producirá una merma de los recursos hídricos por el incremento de las evaporaciones. No se trata de ser alarmistas -dijo- pero si que hay que dejar constancia que nos encontramos ante un bien frágil y escaso, y que cualquier pérdida de recursos para esta zona será muy decisiva, debido a que nuestra demanda ya está suficientemente ajustada a lo que se considera un año de lluvias normales.

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