Olegario González de Cardedal.

 ¿Qué mirada fue primero en el hombre: hacia fuera, hacia abajo y al otro o hacia arriba, hacia adentro y a sí mismo? ¿A qué resintió impelido primero: a contar la vida de los otros o la propia? Con estos planteamientos acerca de los contenidos biográficos o autobiográficos que se perciben en la gran obra de San Agustín comenzó la amplia introducción ofrecida por Olegario González de Cardedal a su conferencia titulada: “Las Confesiones de San Agustín o la verdad del hombre ante Dios”, organizada por el Aula Isabel Ferrer, y que contó con una gran asistencia de público. “En realidad, comentó, toda biografía es una autobiografía encubierta”.

Antes de referirse a “Las Confesiones”, González de Cardedal repasó algunos momentos principales en la vida de San Agustín, obispo y teólogo, que describió en forma de trilogía perfectamente conjugada. Por una parte, lo definió como un romano de cultura, un bereber del norte de África, y un cristiano. También destacó tres fases que influyeron decisivamente en su vida: la de hombre errante y buscador de la verdad; el filósofo, y el hombre de iglesia y pastor. Esa trilogía continuó en la forma que se produjeron sus conversiones: primero a la filosofía; posteriormente a la fe, y en último lugar, a la iglesia. Como tres fueron sus grandes obras: Sobre Dios (De Trinitate), Sobre el hombre y el sentido de la historia (La ciudad de Dios), sobre sí mismo (Las Confesiones).

En el transcurso de su intervención González de Cardedal se refirió a la autobiografía por antonomasia en San Agustín: Las Confesiones, que escribió entre los 46 y 47 años de edad y a la que se refirió como un diálogo con Dios.

Las Confesiones –dijo- es un himno de acción de gracias a la misericordia de Dios, en el que utiliza el vocabulario bíblico como material con el que teje su reflexión sobre el pasado y su descripción del presente.

El principal objetivo de Las Confesiones es conocer la propia verdad tal como Dios la conoce y la quiere. Una verdad delante de Dios en confesión y delante de los hombres en testimonio con su escrito: Verme como Dios me ve; conocerme como Dios me conoce, realizarme como Dios ha pensado en mi existencia.

En su exposición, Olegario González comentó que Agustín escribió esta autobiografía porque sintió la necesidad de una confesión humilde de sus pecados, y la necesidad de superar la soledad interior en medio de sus muchas tareas como obispo.

Otro de los aspectos que fueron tratados por González de Cardedal hacen referencia al género literario de este gran libro. No son memorias, señaló, ni una biografía completa. “Como cualquier gran obra literaria, está abierta a grandes interpretaciones”.

González de Cardedal también abordó un aspecto importante de la obra máxima de San Agustín al referirse a la repercusión de Las Confesiones en la conciencia posterior. Así, subrayó la influencia notable en el magisterio espiritual de Santa Teresa y en Descartes. Por contraste antropológico será modelo en las Confesiones de Rousseau y mantendrá una semejanza interior en la Historia de mis ideas religiosas de JH Newman en la defensa de la sinceridad de su fe anglicana, primero, y luego en su conversión del anglicanismo al catolicismo. Por último, Las Confesiones también ejercerá una lejana semejanza en la literatura alemana y de manera especial en la figura de Goethe.

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