Carmen Belenguer y García Comas

Una gran expectación levantó la conferencia de Manuel García Comas sobre el principal exponente de la Generación del 98, el filósofo y escritor, Miguel de Unamuno. Sus obras y la controvertida personalidad del intelectual nacido en Bilbao suscitó, es obvio, el interés de un público ávido por conocer sobre los principales motivos que inspiraron su obra literaria.

García Comas comenzó su intervención haciendo referencia al libro que Julián Marías escribió sobre su maestro y que lleva por título “Miguel de Unamuno”. En ese ensayo, el filósofo vallisoletano hace referencia a la sensación tan extraña que siente el lector cuando lee a don Miguel. Algo hay, ciertamente, de verdad en ello cuando el propio Unamuno se autocalificó de hombre de contradicción y pelea, como nos recordó el profesor Manuel García Comas.

Con Manuel García también descubrimos otras facetas prodigiosas de la mente del que está considerado como el “ideólogo” de la Generación del 98, su facilidad para los idiomas, por ejemplo. Su apasionamiento por el existencialismo del filósofo danés, Kierkegaard, le llevó a estudiar esa lengua para leer a su autor preferido sin interferencias. Esa influencia marcaría la dialéctica unamuniana basada en la agonía del alma que está dividida entre la razón y la fe o, entre la cabeza y el corazón y que provocaría que su pensamiento se trasmitiera a lo largo de toda su producción literaria.  

Otro aspecto destacado de la intervención del conferenciante fue sus continuas referencias a los neologismos creados por Unamuno, y que otorgan una gran vitalidad al idioma: nivola, los monodiálogos (o diálogo interior) o el serse.

El conferenciante destacó cuatro novelas en la producción de este autor donde se reflejan elementos autobiográficos. La primera de ellas “Paz en la guerra”, fue escrita en 1897, y se centra en los aspectos de la infancia de Unamuno. Es la única novela atípica por su extensión y la más realista. Es, por otra parte, la única novela situada en el espacio y en el tiempo cuando narra la historia y la intrahistoria del asedio de la liberal Bilbao por las tropas carlistas.

En 1902 Unamuno publicó “Amor y pedagogía”, una novela que fue recibida en medio de duras críticas y que provocó el enfado de su autor. A raíz de esos comentarios las novelas de Unamuno se ajustaron a otros moldes. La excitación y el disgusto que le causaron los comentarios de la crítica provocaron el nacimiento de las “nivolas” unamunianas.

Tras la indiferencia mostrada por la crítica a la última obra de Unamuno, el escritor y filósofo no publicó otra “nivola” hasta 1914 cuando aparece “Niebla”. Como destacó García Comas, esta es la novela de la madurez. Unamuno ha cumplido los 50 años y quiere reencontrarse en la mitad del camino de su vida, y para ello crea a Augusto Pérez que convive con su perro Orfeo con quien mantiene diálogos o “monodiálogos”. Una obra difícil por las disquisiciones que mantienen Augusto y el escritor Miguel de Unamuno sobre el suicidio, una confrontación divertida pero de gran calado. A raíz del suicidio del protagonista principal, la novela nos plantea la cuestión de si las personas tenemos libertad para decidir sobre nuestra propia vida.

Y por último, “San Manuel Bueno, mártir” una obra que refleja desde la infancia hasta el testamento espiritual del autor. La figura de San Manuel bueno es el gran varón matriarcal, con oposición de los términos pero que refleja muy bien la dialéctica novelística de Unamuno al ver en la persona de Manuel, la figura de la madre, la madre que crea y da vida.

Muchos de los asistentes agradecimos las explicaciones del profesor Manuel García Comas, que nos ayudó a redescubrir la figura de este gran pensador, difícil de entender al principio, pero que nos resulta apasionante por la profundidad de su pensamiento y la preocupación que demostró por su fin personal.

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