El-Amor-Brujo

Las primeras décadas del Siglo XX registraron una gran diversidad artística en nuestro país. La composición musical fue, desde luego, una de las mayores aportaciones a la historia cultural de España dentro de la amplia gama de manifestaciones que registró aquella época de intensa creatividad. Entre los músicos españoles predominó la influencia de ese segundo nacionalismo musical que a finales del siglo XIX y principios del XX inundó gran parte de los países europeos y que en nuestro país tuvo a representantes de la talla de un Albéniz, Turina o Granados, a los que más tarde se incorporaría el protagonista de esta crónica: Manuel de Falla. Una gran marea creativa o “españolomanía” que también contagiaría labor de otros músicos consagrados como Debussy o el propio Ravel, con su Rapsodia española. 

Nunca un músico sintió tanta pasión e influencia por su entorno como el gran pianista y compositor gaditano Manuel de Falla, así lo aseguró Agustín Martínez Fernández, profesor de piano del Conservatorio de Castellón, en el transcurso de su conferencia titulada: “El Amor Brujo y el flamenco en Manuel de Falla”. Se trata de la obra, para muchos, cumbre de este autor en la que cristalizó un estilo compositivo basado en el folklore español, particularmente andaluz, al que denominó “trascendido” o “imaginario”, es decir, tomado directamente de las fuentes populares pero no copiado. Y este es un hecho destacable en la obra del creador gaditano que prefirió investigar en las manifestaciones vivas del pueblo, en su ritmo y en su sustancia para evitar distorsionar su herencia. Estos fueron, según Agustín Martínez, los elementos que sirvieron de fundamento al compositor andaluz para la creación de un lenguaje artístico muy personal. 

Agustín Martínez también se refirió a la obra de Falla como muy peculiar y específica y citó a la canción como un elemento característico que recorrerá toda la producción musical del compositor. Otro de esos elementos característicos que perfilarán la obra de Falla es la fuerte influencia que ejercieron en el músico de Cádiz el matrimonio formado por Gregorio Martínez y su esposa María Lejárraga, verdadera autora del libreto de El Amor Brujo, aunque nunca figuró su autoría por los recelos que suscitaba en aquella época. 

El conferenciante dedicó su discurso a repasar los aspectos técnicos de la producción musical de Falla, y que pasan inadvertidos a una gran mayoría de la audiencia, haciendo alusión a los apartados dinámico; la influencia de los modos gitano y orientalizado, particularmente bizantino; el ritmo; la armonía, muy en conexión con las fórmulas de acompañamiento guitarrístico y la forma.  

En otro momento de su conferencia, Agustín Martínez destacó el paralelismo existente entre nuestro músico y otros compositores europeos de la época que se dejaron seducir por la cultura popular de su lugares de origen, como los húngaros Béla Bartók, que incorporó las canciones y melodías del folclore magiar a sus obras, y Zoltán Kodály, cuya característica principal es la mezcla de folklore y armonías complejas, compartido con Bartók. En todos ellos predominaba el interés por investigar la música popular y folklórica de sus tierras para que sirviera de base a sus creaciones. 

Como aportaciones anecdóticas a su charla, Agustín Martínez comentó la controversia que suscitó entre la crítica el lugar de los hechos donde se desarrolló El Amor Brujo. Se pensó en Granada, dijo, pero finalmente la obra se ubicó en el Cádiz natal del compositor. 

Martínez Fernández hizo alarde, por otra parte, de poseer una gran destreza interpretando el piano, instrumento que le sirvió de apoyo para ilustrar musicalmente sus explicaciones. 

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