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Con motivo del reciente fallecimiento del artista vila-realense, Vicente Llorens Poy, el Aula Isabel Ferrer quiso rendirle homenaje con la presencia del que fue su gran amigo y profesor de Historia, Jaime Peris. Peris ofreció una charla con profusión de datos y con un excelente trabajo audiovisual con el que pudimos conocer la amplia producción artística de este gran pintor y escultor del Siglo XX.

La trayectoria de Vicente, no cabe duda, se desarrolló durante un periodo largo debido a que empezó muy joven a trabajar, que aunque siendo fiel a su estilo varió mucho en cuanto a la temática.

Vicente Llorens Poy nació el 19 de agosto de 1936. De pequeño ya demostró habilidades para el dibujo, la pintura y el modelado, hasta el punto que gracias a la intercesión de doña Ana María Sos, consiguió situarlo bajo la tutela del escultor José Ortells -también de Vila-real-, que fijó las aspiraciones del joven artista. Otros personajes que influyeron en Vicente fueron el escultor jesuita, Pedro Gil, y el pintor Gimeno Barón. A los 19 años obtuvo el título de Profesor de dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, sin embargo, fue de los pocos artistas que teniendo una formación académica no vivió de la pintura, sino que se dedicó a impartir clases en institutos y centros de formación.

Un aspecto destacado en la trayectoria profesional de Llorens Poy fue la influencia que ejerció su familia, vinculada a la Comunión Tradicionalista en su localidad natal. Este hecho le permitió mantener una serie de contactos y relaciones en la España de la posguerra de donde surgieron importantes amistades, a pesar que el artista nunca manifestó de forma pública una ideología determinada. Un ejemplo de esta influencia que tuvo el artista de Vila-real fueron sus exposiciones que se convirtieron en auténticos eventos sociales del Madrid de la época. Los cuadros eran fundamentalmente retratos y paisajes.

A Vicente se le adjudicaron diversos sobrenombres a lo largo de su carrera, así, por ejemplo, fue designado como uno de los últimos artistas de formación tradicional o clásica; también fue llamado “pintor de Corte” por su retratos sobre la familia real de Bulgaria y del entonces príncipe Juan Carlos de Borbón. En una ocasión también fue presentado como un “pintor velazqueño en la pintura valenciana” en la línea, por ejemplo, de Domingo Marqués y de Ignacio Pinazo.

Una etapa de grandes influencias en su vida fue su estancia en Roma durante el periodo que fue becado por el Ministerio de Asuntos Exteriores español. Allí Vicente tuvo la oportunidad de pintar una serie de cuadros relativos a los jardines del Vaticano y un retrato al óleo del Papa Juan XXIII, de gran factura.

Un hito importante en su carrera fue la muerte de su maestro y tutor, José Ortells, en 1961. A partir de esta fecha Llorens Poy inicia su etapa escultórica. Se comenta que el discípulo quiso evitar su dedicación al escultura mientras Ortells estuviera en vida, tal vez por respeto a su gran mentor o para evitar interferencias. Llorens fue un escultor que intentó plasmar las alegorías que rodeaban a sus personajes huyendo de la escultura de influencias de tipo folclórico o pintoresco.

En su producción escultórica destacan tres obras emblemáticas. La primera de ellas es su monumento dedicado al Labrador, en la plaza del mismo nombre de Vila-real, que recrea el esfuerzo y la laboriosidad de tres figuras de cuerpo entero y tamaño natural aventajado que representan al labrador vila-realense en el alumbramiento de pozos para obtener un bien tan preciado como es el agua para sus regadíos.

Otra de esas obras es la escultura del rey Jaime I para la plaza Mayor de Vila-real para conmemorar el 700 aniversario de la fundación de la ciudad. La concepción original de Vicente se configuraba con la propia estatua sedente del rey legislador, con la Carta Pobla en su mano y dos alas con relieves dedicados a recrear la gesta fundacional. Hace más de tres años el monumento fue retirado de su emplazamiento original, en el centro de la ciudad, y se ubicó en el Jardí del Molí de la Vila, muy cerca a la avenida del Cardenal Tarancón. Esta operación provocó la disconformidad y el descontento de parte de la población que exigió la restitución de la estatua en la plaza Mayor, sobre todo, cuando su autor fue declarado Hijo Predilecto de la ciudad de Vila-real, según destacó el conferenciante.

La última de esas grandes producciones es el conjunto alegórico que representa la fundación de la ciudad de Castellón, ubicado en la plaza de Santa Clara, en la zona céntrica de la ciudad. La obra es un gran bloque de piedra de 600 toneladas, con un total de 62 figuras que recuerdan con rigor a personajes y hechos significativos de la historia de la ciudad.

En 1975, con la muerte de su padre, el artista da un vuelco a su obra pictórica. Hasta esa época había sido tachado por la crítica de ser un artista anclado en el pasado y de ser excesivamente academicista y esto le preocupaba. Entonces vinieron sus pinturas del cuerpo humano huyendo de los paisajes de su primera época. Según los especialistas, el desnudo de Vicente es de una gran calidad y dominio, muy distinto de las academias. Para ello, el autor siempre escogió cuerpos juveniles, eróticos, que constituyen un auténtico homenaje al cuerpo humano. De forma complementaria a su producción pictórica realiza esculturas en bronce con la misma temática.

Por último, Jaime Peris condensó la larga trayectoria del artista Vicente Llorens Poy diciendo que pintaba y esculpía “muy bien”. Y destacó otra de sus grandes facetas como coleccionista, con su casa en Vila-real atiborrada de obras de arte religioso muy valiosas -a las que tenía especial devoción- obras suyas en forma de maquetas, vaciados y bocetos, y obras de artistas de su entorno como Ortells, Benlliure u Octavio Vicent.

Pero otra gran impronta de Vicente Llorens Poy fue su participación activa en la remodelación y creación de conjuntos escultóricos del templo basílica dedicado a San Pascual, con especial mención a la Real Capilla que alberga el sepulcro del santo en una estatua yacente. En ese espacio también se encuentra un retablo con figuras doradas en oro fino, alusivas a la vida del fraile alcantarino patrón de la ciudad, y otros símbolos eucarísticos.

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