Monumento de Antonio y Giovanni Giusti,

Lo sugerente y, a la vez, enigmático título de la conferencia “Morir en Roma o cuando las artes sabían llorar”, del profesor Pablo González Tornel nos transporta al Barroco para conocer los lujos y las solemnidades en la organización de las exequias fúnebres de sus monarcas. Y es que, si bien la muerte es para todos igual: nobles y plebeyos, los reyes y los papas abandonaban su existencia en la tierra acompañados de un ritual con gran pompa y esplendor muy propio de un esmerado aparato propagandístico.

Para los poderosos era vital la exposición de sus cadáveres en una especie de armazón o catafalco para ser admirado y demostrar que con su desaparición sólo se produce una transición del poder. Y es que desde siempre hemos sentido la necesidad de visualizar el gran acontecimiento que supone ese tránsito de la vida terrenal hacia la Gloria. Y más aún si se trata de un poderoso. En ese caso, al monarca solían representarlo con un cuerpo muerto sobre la tumba, o bien sentado o de pie sobre su propio cenotafio.

Esa muerte física del cuerpo del rey daba pie a celebraciones que no guardaban relación con la muerte política del régimen. Igualmente sucedió con la muerte de los papas siguiendo la tradición de los monarcas, y especialmente la monarquía católica española.

El profesor Pablo González aportó un gran testimonio visual que nos permitió contemplar un buen número de obras realizadas con motivo de las exequias de monarcas y papas, que fueron comentadas con amplitud de detalles. Para finalizar, los asistentes participaron en un animado coloquio con el conferenciante.

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