La conferenciante en primer plano

Actualmente existe gran interés por estudiar el acceso de la mujer a la vida pública y literaria a lo largo de la primera mitad del Siglo XX. Se suele destacar la dificultad de ese proceso y parece que se olvidan algunas mujeres que alcanzaron puestos destacados en el mundo cultural. Es el caso de Concha Espina a la que, quizá por sus ideas religiosas y su adhesión al bando de Franco, se la deja al margen de esa evolución femenina, encerrada en un mundo tradicional y arcaico.

En realidad, la vida de Concha Espina no corresponde a lo que era normal en su tiempo. A pesar de que siempre le gustó mantener las formas de una señora burguesa, su gran energía de carácter e independencia de criterio le permitieron superar un matrimonio desgraciado y labrarse con su trabajo una situación económica desahogada para ella y sus hijos. Luchó por sus ambiciones literarias, manifestó sus opiniones en artículos y entrevistas, tuvo actuaciones públicas destacadas y gozó de gran prestigio, como muestran las distinciones que recibió del Rey Alfonso XIII y del General Franco y el encargo que se le hizo en tiempos de la República por el alcalde de Madrid de representar a España en los actos del IV centenario de la fundación de Lima.

En el aspecto literario, no fue, ni quiso ser, una escritora feminista ni tampoco una escritora “para mujeres”. Aunque siempre defendió la importancia del sentimiento frente a los que le reprochaban exceso de sentimentalismo en sus heroínas, proclamó su interés por los temas candentes de su tiempo que afectaban a todos. Sus novelas El metal de los muertos o La esfinge maragata son ejemplos de esto, con una pintura vigorosa y dura de las condiciones de vida en las minas de Río Tinto o en la Maragatería. En la segunda de estas obras se destaca la situación femenina y en ambas defiende la educación de la mujer; pero para la autora el problema fundamental es la miseria, que provoca un embrutecimiento del que son víctimas hombres y mujeres.

Concha Espina consiguió un importante éxito de público desde su primera novela, La niña de Luzmela, y también el reconocimiento de figuras literarias de orientaciones muy diversas, como el novelista Ricardo León y el crítico, novelista y poeta Cansinos-Assens, que dedicó un libro al estudio de su obra. En cuanto a su repercusión en el extranjero, basta decir que fue propuesta como candidata al Premio Nobel con el apoyo de la Academia Francesa.

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