El Concilio Vaticano II fue un acontecimiento de primera magnitud para la Iglesia del SXX y XXI. Así comenzó su disertación el sacerdote y párroco de El Salvador, de Castellón, Joan Llidó con motivo del cincuenta aniversario de la celebración del Concilio Vaticano II. Un sínodo, como señaló, que tuvo una gran repercusión al ser convocado por sorpresa por el Papa Juan XXIII, sin consultar previamente a los cardenales.
Llidó comentó las palabras de Juan XXIII cuando dijo que su convocatoria se debió a la inspiración que recibió del Espíritu Santo. Sin duda, una figura que ha estado presente en los discursos de otros Papas cuando se han referido a este importante acontecimiento. Fue el caso de Pablo VI cuyo papado estuvo estrechamente vinculado con el Concilio cuando se refirió a él diciendo que “esta reunión es la voz del Espíritu Santo para la Iglesia de hoy. El futuro es para los que escuchan lo que el Espíritu Santo les dice sobre su Iglesia”.
Pero lo que fue una intuición de Juan XXIII, tuvo una buena acogida en todo el mundo. El Papa Roncalli quiso que en ese Concilio se renovara el esplendor y la validez del pensamiento cristiano y de su vivir: “Dios nos libre de pensar que sus cielos se han cerrado para nosotros… Todo lo contrario, Cristo no se ha retirado del mundo y su espíritu que nos ha redimido, nos guía”.
Joan Llidó comentó que la Iglesia llegó a esa reunión con dos posiciones claramente diferenciadas, como se encargó de resaltar el propio Juan XXIII en su discurso de apertura, cuando señaló la existencia en el seno de la Iglesia de personas que sólo ven prevaricación y ruina en los tiempos modernos, refiriéndose a ellos como “profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente”.
Sobre el objetivo principal del Concilio, Joan Llidó comentó que tal y como se desprende de ese discurso de apertura, el Papa quiere que los hombres acojan más favorablemente el anuncio de la salvación de Cristo y el Evangelio, y que su enseñanza sea más eficaz.
En su compromiso por modernizar y avanzar con los nuevos tiempos, Juan XXIII quiso que los cristianos diéramos un paso adelante hacia una formación de las conciencias que esté en correspondencia más perfecta con la fidelidad a la auténtica doctrina, estudiando ésta y exponiéndola a través de las formas de investigación y de las fórmulas literarias del pensamiento moderno.

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